En cuanto a la orientación83 se reparten los valores más altos entre la horizontal
y la vertical, ya que son las dos formas más adecuadas para la tarea propuesta. A
pesar de ello hay yacimientos que poseen una orientación oblicua, lo que obliga a
cuestinar su funcionalidad. Además, hay que destacar la gran cantidad de elementos
de los que se ignora su posición, no porque estén rotos sino porque el fragmento
en el que se encuentran no posibilita su definición.
En muy pocos yacimientos los mamelones ocupan el primer lugar84 y en el
resto de los asentamientos no sobrepasa el 20% del global o incluso no aparecen,
como en los yacimientos de la provincia de Zaragoza y Teruel, excepto las Torrazas,
este elemento está ausente. La sección más habitual es la cónica, si bien hay una
gran diversidad, sobre todo en La Miranda y en los niveles 1a y 1b de Chaves. En
cuanto a la situación se localizan mayoritariamente en el cuerpo, aunque algunos
prefieren el borde85, en posición horizontal, excepto en la cámara superior de
Olvena donde prima la oblicua, pero con valores muy próximos a la horizontal86. A
veces aparecen, aunque menos, de forma vertical.
Las asas circulares no están presentes en todos los yacimientos y cuando aparecen
no sobrepasan el 25% del conjunto87. Obviamente la sección circular es la
más corriente pero también utilizan la semicircular, elíptica y, sólo en un caso, la
triangular. Todas ellas se ubican en el cuerpo de los recipientes88 y aunque se desconoce
la orientación en la mayoría de los casos en los que la tenemos predomina
la vertical89.
Las asas con apéndice, con cuyo término no se hace referencia a las más conocidas
de la Edad del Bronce, aún aparecen en menos casos90. En general el apéndice
consiste en un pequeño botón incorporado en el extremo inicial o final del asa. La
sección empleada no es homogénea, variando entre la circular, semicircular y elíptica.
Al igual que en el caso anterior se sitúan en el cuerpo, aunque en el nivel 1b de
Chaves también aparece en el borde-cuello y cuello-cuerpo (con el 20% cada una).
Las características morfológicas de este tipo de asas obligan a una posición vertical
de las mismas, máxime si se considera que el apéndice además de poder ser un elemento
decorativo tiene una utilidad concreta.
Las asas de cinta son las más utilizadas, sin llegar a ser motivo suficiente para
que aparezcan en todos los yacimientos. Resalta sobre manera su ausencia en los
asentamientos de la provincia de Teruel, excepto en Alonso Norte. Si bien se debe
matizar este hecho, ya que la fragmentación del material puede haber imposibilitado
su reconocimiento y, por tanto, haber sido incluidas en el grupo de los arranques.
En los asentamientos en los que están presentes, bien poseen los mayores
porcentajes o bien comparte los primeros lugares con otra categoría, casi siempre
coincidiendo con los arranques. Al ser la más numerosas también es la que ofrece
una mayor variedad en las secciones. Existe una elevada preferencia por la sección
rectangular, pero también son muy corrientes las semicirculares y elípticas y,
en menor medida, las circulares, bilobuladas y triangulares, que con escasos valores
se encuentra en bastantes yacimientos. Incluso, en los niveles 1a y 1b de
Chaves, aparece una sección poco habitual como es la cuadrada. Llama la atención
cómo el Forcón, la Puyascada, la Miranda y el nivel superficial de Chaves
poseen las mismas secciones: rectangular, elíptica, semicircular y bilobulada. Se
podrían incorporar a este grupo los otros dos niveles de Chaves pero con mayor
diversidad. Igual que el resto de las asas (sin contabilizar el elevado número de
asas de las que se desconoce su orientación y situación) se localizan mayoritariamente
en el cuerpo de forma vertical91, pero a veces están presentes en el borde,
cuello, borde-cuello o en el cuello-cuerpo en porcentajes muy reducidos92. Lo
mismo ocurre con la posición en el recipiente, variando entre la horizontal y la
oblicua93.
En comparación con las demás categorías las perforaciones son mucho menos
comunes, estando ausentes en todos los asentamientos de Zaragoza y Teruel. No
suelen poseer unos porcentajes elevados, quizá los únicos casos significativos son
los niveles 1a y 1b de Chaves y la cámara superior de Olvena (donde superan el
20%). En contra de lo que se podría suponer no muestran la sección cónica, más
corriente en las perforaciones de lañado, sino que predomina la circular y elíptica
con rebabas que indican su fabricación con la pasta todavía blanda. En relación a
su situación en los recipientes, se produce un cambio respecto a los anteriores: sigue
siendo el cuerpo una de las partes más usadas, pero algunos prefieren otras zonas
como el cuello94, posiblemente debido a razones de tipo funcional para favorecer
con ello la misión que deben desempeñar.
Los botones también son un tipo poco representado, incluso en menor número
que las perforaciones, ya que en casi todos los casos es inferior al 25%. Las secciones
muestran una mayor homogeneidad, las más usuales son cónica y semicircular. Hay que destacar que en los niveles 1a y 1b de Chaves, como ocurre con
casi todos los elementos, la variación en las secciones es mucho mayor. En cuanto
a la situación vuelve a ser el cuerpo la zona preferida si bien en algún caso se
amplía, sobre todo al borde95.
Los mangos tan sólo aparecen en el nivel 1a y 1b de Chaves con sección circular.
Lo único que se conserva de estas suspensiones es el extremo final, por lo que
en ningún caso se puede decir cómo y en qué parte de las vasijas se ubicaban, pero
normalmente es de forma horizontal y en el cuerpo. La carencia de estos elementos
en el resto de los yacimientos no sólo hay que atribuirla a que no existieran sino
también a que su posibilidad de conservación es menor.
Las lengüetas son elementos poco usuales, no sólo por los escasos yacimientos
que los poseen sino por los bajos porcentajes que suponen en relación al conjunto,
puesto que no sobrepasan el 10% en Huesca, llegando en el resto únicamente al
33,33%. La sección más frecuente parece ser la semicircular, aunque también hay
que considerar, en menor medida, la cuadrada, cónica, rectangular y elíptica. La
mayor diversidad vuelve a estar en Chaves. No se producen alteraciones en cuanto
a su localización en los recipientes, pero sí en la orientación puesto que su posición
más corriente es horizontal96. Ésta parece la más adecuada por su morfología al facilitar,
en comparación con la posición vertical, la prehensión del recipiente con los
dedos.
Quedan dos tipos de asas de las que no se ha hablado y cuya representación
es bastante reducida. La primera es el asa tuneliforme, que tan sólo se han encontrado
en el nivel 1a de Chaves y en la cámara superior del Moro de Olvena. A pesar
de los pocos fragmentos no existe homogeneidad en las secciones, ya que en la primera
cueva son rectangulares y elípticas y en la segunda circulares. Continúan en
una posición vertical u horizontal en el cuerpo. Las segundas o asas compuestas
sólo aparecen en el nivel 1a de Chaves, con sección semicircular y rectangular.
Se sitúan en el cuerpo y, el único caso que permite su identificación, de forma vertical.
El último elemento que compone esta variable es el de los arranques. La información
que aportan es escasa, por lo que exclusivamente se va a comentar la situación
y la orientación. Respecto a la primera variable no se producen modificaciones
del esquema general, la mayoría se localizan en el cuerpo97. En algún caso, los
menos, ésta se amplía al borde, borde-cuello, borde-cuerpo y cuello-cuerpo98. Por
las características de los fragmentos se ignora su orientación, pero cuando esto no
ocurre suelen tener una posición horizontal o vertical99.
Finalmente la morfología de los recipientes cerámicos se complementa con los
pitorros. Este elemento, que se ha incorporado dentro de la variable suspensiones,
como ya se ha dicho conforma una parte de las cerámicas poco habitual. Los dos
únicos fragmentos que se conservan fueron localizados en la Espluga de la Puyascada,
uno en superficie y el otro en el nivel EIIb. Ambos carecen de la unión con el
resto de la vasija, pero por su forma lo más probable es que ésta se realizara horizontalmente
en el cuerpo100.
• Una vez finalizados todos los estudios parciales se ha llevado a cabo un análisis
factorial de correspondencias101, confirmándose las excepciones y características
que hasta ahora se han visto. Los dos primeros factores explican el 38,26% de la
variabilidad total (factor 1: inercia 21,9%; factor 2: inercia 16,36%). Al igual que
ocurría en el estudio de la manufactura, se produce una concentración en torno al
eje central tanto de las variables como de los yacimientos. De ambos, los que ejercen
mayor peso en el eje 1 son las paredes oblicuo-externas (23,2%) y la cueva de
la Miranda (21,4%), pero hay otros significativos, como los fondos planos (16,8%),
el nivel 1b de Chaves (11,4%), el nivel b de Pontet (18,3%) y las Torrazas (17,3%).
El eje 2 en cambio está definido por las paredes verticales (42,2%) y Gabasa 2a
(32,7%).
Las variables menos representativas coinciden con las que se sitúan en las
zonas exteriores del gráfico. Las más evidentes son las carenas, tanto curvas como
rectas, bordes apuntados con bisel externo, asas compuestas, fondos umbilicados y
cóncavos, es decir los que poseen valores más pequeños en el conjunto. A otro nivel
más próximo, por poseer un número mayor de elementos, aparece un conjunto de
variables que casi forman una circunferencia en torno al eje central. Aunque no
todas son lo suficientemente significativas como para influir de una manera decisiva
en la situación del grupo, favorecen la concentración en torno a ese punto.
Fuera del conjunto en el cuadrante superior izquierdo se encuentra El Torrollón
I. Su aislamiento viene determinado por el peso de los fondos apuntados y cuellos
verticales. Son los elementos definitorios del yacimiento y coinciden con las salvedades
que se han estado planteando, por lo que parece evidente que las características
selectivas de su material no posibilitan de ninguna manera incluirlo dentro
de uno de los grupos establecidos, pero todavía habrá que esperar al estudio de las
decoraciones.
A pesar de la concentración se han establecido dos grupos que aportan información
significativa. El primer conjunto está compuesto por la Miranda, el
Remosillo, las Brujas, todas las cuevas de Gabasa, el nivel b y c superior del Pontet,
Els Secans y las Torrazas. En general, son los yacimientos que producen mayores
excepciones en cada uno de los estudios.
La asociación no tiene un carácter completamente homogéneo, lo que implica
que se deben detallar algunos aspectos. Quedan separados del conjunto, en el
cuadrante inferior, Gabasa 2a y 3b y Els Secans ya que parecen ser los que menos
elementos en común poseen con los demás yacimientos, probablemente por el
escaso material encontrado. Por ello habrá que esperar al análisis de las decoraciones
para establecer las posibles causas de su separación.
El resto se pueden considerar en conjunto, si bien no les influyen a todos las
mismas variables ni de la misma forma. La orientación saliente, los borde planos y
los cuellos cóncavos son las variables que los aglutinan, aunque alrededor existen
otras categorías que fijarán de forma decisiva su posición.
El segundo grupo está compuesto por el resto de yacimientos. No obstante, no
deben considerarse iguales puesto que no poseen las mismas coordenadas y, por
tanto, tampoco características idénticas.
Es el propio eje horizontal el que permite dividir en dos este segundo conjunto.
El primer subgrupo (2a) está formado por la cámara inferior y superior del Moro
de Olvena, La Espluga de la Puyascada, el Forcón, el nivel superficial de Chaves,
Botiquería, el nivel a+b y c1 de La Costalena y el nivel c inferior del Pontet. Las
variables que han ejercido una mayor presión son: los bordes planos biselados al
interior, redondeados y apuntados, orientación recta, cuerpos oblicuos internos y
convexos, asas de cinta y arranques. La mayoría poseen los porcentajes más elevados,
por lo que se puede decir que están definidos por estos elementos, lo que no
significa que el resto carezca de ellos o que su importancia global sea menor.
El segundo subgrupo (2b) lo componen Huerto Raso, Forcas II, el nivel c
genérico y c2 de La Costalena, Alonso Norte, Panizales y, el nivel 1a y 1b de
Chaves. Las variables que influyen de una forma más determinante en su ligera
separación son la orientación reentrante, bordes redondeados engrosados al exterior
y apuntados con bisel interno, cuello oblicuo-interno, paredes verticales y fondos
convexos. Éstas no tienen por qué coincidir con los porcentajes más elevados
sino que pueden poseer valores bajos, pero sobre todo distintos a los del resto del
grupo. Las dos últimas categorías son las que más han decidido la incorporación
en esta asociación de Alonso Norte, los Panizales y el nivel c genérico de La Costalena.
En definitiva, se pueden establecer casi las mismas conclusiones que en el estudio
de la manufactura. La concentración de los yacimientos en torno al eje central
lleva a plantear que las diferencias entre ellos todavía no son lo suficientemente
acusadas, si bien continúan siendo los mismos asentamientos los que plantean salvedades
y diferencias en el conjunto. Por tanto, es necesario esperar al estudio de
las decoraciones y la relación de éstas con la morfología para desarrollar conclusiones
concretas.











