Morfología 1

Morfología 1

• En el análisis de la morfología de los cuellos hay que tener en cuenta, como
ya se ha dicho, que las condiciones de fragmentación del material han dificultado
enormemente la definición de alguno de los tipos. A pesar de este problema, es
decir aunque pueda existir alguna descripción errónea, por el volumen de material
estudiado las conclusiones no sufrirían modificaciones significativas.
Están claramente dominados por la forma cóncava, salvo en el nivel 6 de
Botiquería, las Brujas y el Torrollón I que cambia a favor de los verticales, siendo
éste a su vez el segundo tipo más representado. Se ha observado en los tres niveles
de Chaves un progresivo aumento del valor de los cuellos cóncavos en detrimento
de los verticales72. No obstante, esta evolución cronológica no se ha comprobado
tan claramente en el resto de los yacimientos, apareciendo porcentajes muy dispares.
Los cuellos oblicuos externos, que marcan la morfología exvasada de las cerámicas,
son los menos representados junto con los convexos, que únicamente se
hallan en un porcentaje muy reducido en la Miranda, seguramente debido a lo
revuelto que está el material. Como se ve en este apartado continúan las mismas excepciones
hasta ahora planteadas para el resto de las variables estudiadas.
Son muy pocos los casos en los que se conoce el diámetro73 de los cuellos, pero
se advierte que la amplitud más habitual es de 5 a 15 cm. En el nivel 1a de Chaves
este intervalo se incrementa hasta el de 25-30 cm, aunque parece excesivo para un
cuello a no ser que el tamaño de la vasija sea muy grande. Al contrario de lo que se
podría suponer no son los diámetros más pequeños los más utilizados, ya que no
existe ni siquiera un fragmento entre de 0-5 cm. La apertura de este componente
morfológico viene determinada por la funcionalidad de las vasijas, puesto que
dependiendo del contenido y su utilización éste deberá ser más grande o más
pequeño.
Entre los porcentajes de los grosores máximos74 vuelve a prevalecer nitidamente,
aunque no con exclusividad, el intervalo 0,6-0,9 cm. En el Torrollón I predominan
las amplitudes 0,9-1,5 cm, pudiendo ser consecuencia del gran tamaño de
las vasijas, ya que unas paredes muy finas en el cuello favorecen la aparición de grietas
y resquebrajamientos. Si bien en apariencia el comportamiento de las frecuencias
de los grosores mínimos es más homogéneo, también se producen las mismas
variaciones sobre todo en los yacimientos de la provincia de Zaragoza, donde alternan
con el intervalo inferior y superior.
Llama la atención el hecho de que no se observen diferencias en los valores elegidos
entre los grosores mínimos y máximos. Esto puede estar motivado por el sistema
de fabricación, ya que los cuellos son una parte muy frágil en la vasija y es
necesario que ésta presente una gran uniformidad para evitar problemas tanto en el
secado y cocción como en el uso posterior.
Los grosores medios75 tampoco manifiestan divergencias significativas con lo
explicado anteriormente. Sólo en el caso de Gabasa 5 los valores que priman están
entre 1,5-1,8 cm, pero al ser un único fragmento tampoco debe tenerse en consideración.
En el resto de los asentamientos continúa, principalmente, la supremacía
del intervalo 0,3-0,6 y 0,6-0,9 cm.
• El gran número de paredes analizadas muestran una dualidad en la elección
morfológica, ya que en la mayoría de los yacimientos las formas más representadas
son la vertical y convexa. Esta preferencia es llevada al extremo en El Torrollón I con
casi todos los fragmentos convexos y en Gabasa 2a y 3b y Els Secans con los verticales.
Las paredes oblicuo-externas, oblicuo-internas y carenadas son muy escasas,
no llegando a superar el 10%. Las vasijas carenadas aparecen en dos grupos de yacimientos:
el primero se define por las carenas curvas76, aunque con un porcentaje
mínimo en relación al global (no llegan el 0,5%); el segundo agrupa parte de los
asentamientos con el estrato revuelto, que son los que han estado planteando
excepciones hasta ahora77.
Tipométricamente los diámetros78 del cuerpo más habituales se encuadran
entre los 10 y 20 cm, aunque en algunos yacimientos se incrementa hasta 35-40 cm
como en El Torrollón I, en el nivel superficial y 1a de Chaves en los que la amplitud
predominante es de 20-25 cm. Se observa una mayor variación en los intervalos
elegidos, comparándolo con la uniformidad vista en los diámetros de otras
zonas de la morfología, no sólo porque dominan los más grandes, hecho lógico al
ser el área más importante de un recipiente, sino por que existe una mayor diversificación.
Sin embargo la cantidad de fragmentos que poseen diámetro es muy reducida
en relación al volumen de material que se ha estudiado. Por ello, las conclusiones
que se pueden deducir están evidentemente mediatizadas, a lo que hay que
añadir la imposibilidad de obtener información de tipo funcional debido a la diversidad
de valores. Salvando estas dificultades se advierten algunos datos significativos:
El Torrollón I se relaciona con recipientes de almacenaje; en la Puyascada y en
el nivel 1a de Chaves están representados los intervalos más pequeños, es decir,
entre 0 y 5 cm. Estos diámetros tan reducidos determinan sin lugar a dudas el uso
de las cerámicas, ya que la capacidad para ser contenedores es mínima, por no decir
nula, y la posibilidad de ser útiles parece poco factible por lo que debería buscarse
una función ritual, decorativa o lúdica sin olvidar su posible utilización como contenedores
de algún elemento especial, como ocurre con las botellitas con ocre del
área valenciana (BERNABEU, 1989: 50). En nuestros ejemplares no se han encontrado
evidencias que lo confirmen, no así en otras vasijas pero morfológicamente sólo
una se puede incluir en esta tipología.
Al igual que ocurría en los cuellos, los porcentajes más elevados entre los grosores
máximos79 de las paredes están en los intervalos 0,6-0,9 y 0,9-1,2 cm. En
pocos casos cambian a favor de otros más pequeños (0,3-0,6 cm), pero puede ser
producto del cuidado por igualar la unión de los colombins. A lo que habría que
añadir la fragmentación del material, por lo que no se puede descartar la presencia
de vasijas de reducidas dimensiones. Por el contrario, en los grosores mínimos sí se
produce una modificación. El espesor más respresentado es de 0,3-0,6 cm, aunque
en algunos sea más importante el intervalo 0,6-0,9 cm. Estas variaciones numéricas
vienen determinadas principalmente por la técnica de fabricación utilizada, puesto
que, como se ha comentado en el capítulo de metodología, existen algunos sistemas
como el de los colombins que al unirlos producen claras disminuciones del grosor
de la pared, o con el estiramiento, en el que el reparto de la pasta de arcilla por
el cuerpo de la cerámica no se realiza de forma homogénea.
Son escasas las veces en que aparecen las amplitudes más elevadas, que podrían
dar una idea de la cantidad de vasijas de gran tamaño o grandes contenedores.
En general, los espesores no sobrepasan el intervalo 1,5-1,8 cm. Tan sólo en la
Puyascada, el nivel 1a de Chaves y Gabasa 2a encontramos valores entre 1,8 y
2,1 cm. Es en esta primera cueva donde, además, se ha localizado un fragmento en
el intervalo 3,3-3,6 cm. Por otra parte y en base a la información aportada por las
cerámicas de El Torrollón I, queda patente que los grosores no tienen por qué ser
tan elevados y pueden estar dentro de las frecuencias utilizadas para el resto de las
vasijas. Por eso las paredes más gruesas de la Puyascada quizá habría que incluirlas
en otro contexto. Entre los grosores mínimos vuelve a ser este yacimiento el que
posee los valores más altos. El resto no supera los intervalos de 1,2-1,5 y 1,5-1,8 cm,
aunque como es lógico poseen unos porcentajes muy pequeños. Los grosores
medios mantienen la tónica general: supremacía del intervalo 0,6-0,9 cm.
En contra de lo que se podría suponer en los fondos se observa una gran
variedad. Si bien se puede plantear una cierta preferencia por los fondos convexos,
hay que tener en cuenta el escaso número de los mismos y las dificultades para su
identificación, a las que ya se ha aludido largamente.
Los fondos planos, aparecen no sólo en los asentamientos que plantean problemas
cronológicos sino en casi todos80. Por el contrario son muy pocos los asentamientos
que tienen fondos umbilicados, sobre todo porque no son propios de la
época que se estudia. Su escasa presencia confirma la mezcla de materiales de distintas
cronologías. La misma causa habría que aplicar a la asusencia total de fondos
cóncavos, ya que sólo aparecen en las Torrazas pero con un único fragmento.
Los fondos convexos son los más habituales, llegando a ser incluso los únicos
presentes. Sin embargo, algunos asentamientos carecen de este tipo y habría que recurrir,
por un lado a la misma explicación que se ha planteado para la escasez de fondos y, por otro, podría ser que realmente que no existieran y por eso no aparezcan.
Además hay que tener en cuenta que, en algunos de éstos, la cantidad de material es
muy reducida.
Los fondos apuntados son la última forma establecida y solamente en dos casos
(el Forcón y El Torrollón I) se convierte en la única categoría. En el resto no se puede
decir que los porcentajes sean muy elevados, incluso en algunos es nulo su valor.
Estos bajos porcentajes contrastan con la suposición habitual que ha considerado
este tipo de fondos como característicos de las cerámicas del Neolítico Antiguo.
La diferencia entre los intervalos de los diámetros81 de los fondos se han reducido
a 2 cm, puesto que debido a su morfología una medida mayor no marcaría
bien las características. Para los fragmentos apuntados se han tomado las medidas
a un centímetro del plano de contacto con la superficie horizontal.
No existe una uniformidad marcada, aunque sí se establece un cierto predominio
entre los 4 y 8 cm. En algún caso, los porcentajes más elevados están entre 8
y 10 cm, como en la Puyascada, La Miranda, Gabasa 2a, 5 y las Torrazas, si bien les
siguen en importancia los intervalos anteriores. Los diámetros más grandes, es decir
que superan los 16 cm, coinciden con asentamientos que poseen fondos planos. Lo
más habitual es que el diámetro no sea mayor a 14 cm, porque aunque no parece
haber un predominio claro de una categoría sí hay muchos convexos y apuntados.
Como es lógico, por razones principalmente de estabilidad y manejabilidad, éstos
no deben alcanzar valores muy altos, ya que imposibilitarían mantener la vertical y
el contenido se derramaría.
En los grosores máximos82 se ha producido un aumento pero no de forma considerable.
Existe una cierta preferencia por el intervalo 1,2-1,5 cm aunque compartido
en muchos casos con 0,9-1,2 cm. A veces, como en el nivel 1a de Chaves o en
las Torrazas, los valores más altos los posee el intervalo 1,5-1,8 cm, sin excluir el
resto de las medidas.
En los grosores mínimos los más representados aparecen entre 0,3 y 0,9 cm, es
decir, mantienen el esquema general del cuerpo, ya que la separación entre la pared
y el fondo, en muchos casos, sobre todo en los apuntados o convexos, no es tan
nítida como ocurre en los planos. Igualmente, hay que tener en cuenta que se produce
una disminución del grosor del fondo al unirse con el cuerpo y, por tanto, en
esta zona los espesores de ambos serán iguales. Los grosores medios siguen con los
mismos valores que se han visto hasta ahora, si bien en algún caso se incrementan
hasta el intervalo 0,9-1,2 cm.
• Las suspensiones son el último elemento morfológico por analizar. A pesar
del amplio espectro representado se puede plantear que el elemento más utilizado
en la mayoría de los yacimientos es el asa de cinta. Igualmente alto es el uso de la
categoría definida como arranques, en la que se han incluido todos los elementos
rotos de los que no se podía obtener toda la información necesaria, mientras que
los menos empleados son los mangos y lengüetas.
Tan importante como el tipo de suspensión es el lugar elegido para su colocación
en la vasija. Sin duda en todos los asentamientos la ubicación más normal es el cuerpo,
pero también destacan algunos valores que ofrecen otras situaciones como el borde o
borde-cuerpo. El yacimiento que manifiesta una mayor variación, en consonancia con
la variabilidad de los elementos de prehensión, es la cueva de Chaves. Las zonas
menos elegidas para colocar estos elementos, como es lógico, son todas las relacionadas
con el cuello, seguramente motivado por su carácter práctico, ya que ambas son
las partes más débiles de la vasija y si las unimos para ejercer en ellas una presión, la
probabilidad de que se rompan es muy alta. También puede ser ésta la causa por
la que prefieren prolongarlas hasta el cuerpo, que suele ser más consistente.
Entre los rasgos que definen las suspensiones uno de los más significativos es
su sección, siendo las más habituales: semicircular, elíptica, circular y cónica; a diferencia
de la triangular, cuadrada y bilobulada que casi no aparecen. Iremos especificando
más al hablar de cada elemento de prehensión.