La manufactura
La tecnología de fabricación es uno de los aspectos más relevantes en cualquier
estudio cerámico, al aportar los datos sobre el nivel de conocimiento que alcanzaron
los alfareros y los medios con que contaban. Esta información debe ser adecuadamente
contrastada con análisis de pastas cerámicas, no obstante, entre los
yacimientos aragoneses son pocos los casos en los que se ha contado con estos
datos. Actualmente se están realizando algunos que nos permitirán corroborar o
rechazar las hipótesis que se establezcan.
• Desde este punto de vista iniciamos el estudio con la cocción que, como se
aprecia en las tablas de frecuencias40, presentan un claro predominio en todos los
yacimientos de las que se han denominado mixtas con un porcentaje mínimo del
41%. En segundo lugar, e incluso muy próximas, se sitúa la cocción reductora, unas
veces continua y otras discontinua y en algunos casos comparten con las anteriores
los primeros puestos.
Entrando en detalle, dentro de los yacimientos oscenses, la Espluga de la
Puyascada es la única que presenta un valor parecido entre las oxidantes y las mixtas.
Pero en el resto se mantiene el esquema general acentuándose los valores de
las mixtas, modelo que se repite en los yacimientos de las otras dos provincias. En
ningún momento, las vasijas reductoras llegan a poseer la frecuencia más elevada,
quedando siempre en un segundo plano, no menos significativo, como en el nivel
b y c inferior de El Pontet o en el niveles 8 de Botiquería dels Moros. Es interesante
comentar como en los asentamientos de las provincias de Zaragoza y Teruel, los
porcentajes de las cocciones oxidantes son mucho más reducidos que los de la
oscense, aparreciendo mayoritariamente e incluso exclusivamente la discontinua
—Secans, nivel 6 de Botiquería, etc.
Los problemas que surgen en el control de este tipo de horneado parecen ser
la explicación más factible de la superioridad de las cocciones mixtas. Como se ha
visto en el capítulo de tecnología, en los recipientes sometidos a un fuego abierto,
sistema que con toda probabilidad se utilizaba en esta época, resulta más difícil
mantener una temperatura homogénea, evitar que las llamas toquen las cerámicas,
etc. Este hecho también aclara que las menos representadas sean las oxidantes y en
algún caso las reductoras, puesto que mantener una sola atmósfera con el nivel tecnológico
que se poseía resulta complicado. La hipótesis se ve en parte confirmada
por las conclusiones obtenidas en los análisis de pastas. En todos ellos existe una
mezcla de atmósferas reductoras y oxidantes y las temperaturas oscilan entre los
500°-650°C, propias de cocciones realizadas en hornos cuyas características impiden
concentrar el calor durante el tiempo suficiente para alcanzar prolongadamente
una temperatura más alta.
Se ha sugerido que el sistema de cocción que utilizarían es el fuego abierto,
principalmente debido a la carencia de estructuras que permitan desarrollar otro
tipo de propuesta. Aunque no poseamos esas evidencias y aun teniendo en cuenta
que no todos los yacimientos son de habitación, parece poco probable que en ninguno
de ellos se fabricara cerámica. Por tanto, ante la falta de restos que nos posibiliten
establecer otro planteamiento estimamos éste como el más válido.
Es necesario tener más datos aparte del tipo de cocción para llegar a conocer el
nivel tecnológico de estos alfareros, por ello se ha visto interesante valorar la relación
entre cada tipo de cocción y los grosores medios de todos los fragmentos, para
ver si es posible especificar algún tipo de conexión, con toda probabilidad funcional,
entre cada clase de atmósfera y las características generales de las vasijas. Dentro
de la cocción reductora y oxidante discontinua existe un claro predominio de los
grosores entre 0,55 cm y 0,9 cm, centrándose muchas veces en torno a los 0,7 cm.
En la cocción oxidante continua el intervalo de los grosores se amplía hasta 1,1 cm,
aunque se mantiene la concentración de los 0,7 cm.
La cocción mixta es la más frecuente entre el material, no obstante, las dimensiones
en relación con el resto de las cochuras no varían corroborando, en cierto
modo, que este tipo no se realiza con un propósito concreto sino que puede ser un
resultado no deseado, debido a la falta de dominio sobre la atmósfera. De la correlación
resalta la homogeneidad entre los tres niveles de la Cueva de Chaves y la
cámara superior de la Cueva del Moro de Olvena.
El comportamiento de los asentamientos no es homogéneo. En general responden
a este esquema, pero aparecen algunas excepciones como la cueva de las
Brujas y El Torrollón I, que suelen poseer dimensiones ligeramente mayores. En el
primer caso posiblemente por que no pertenezcan todas las cerámicas a esta época,
además el material no procede de una excavación sino que el sedimento se encontraba
revuelto por el expolio. En el segundo por las propias características del material
hallado, ya que todas pertenecen a grandes vasijas de almacenaje. Asimismo,
otros yacimientos como las Torrazas presentan medidas algo más pequeñas, pero en
este caso no está clara su relación con una funcionalidad. Es importante comentar
la escasa representatividad en la correlación entre la cocción oxidante continua/grosores
en algunos yacimientos oscenses pero, sobre todo, en la provincia de Zaragoza
y Teruel. Las causas habría que enlazarlas, presumiblemente, con la ya mencionada
falta de experiencia en el horneado y la dificultad que supone mantener una atmósfera
homogénea.
La correlación propuesta, en definitiva, no muestra signos positivos. La homogeneidad
en la elección del grosor de los recipientes, independientemente del tipo
de atmósfera a que se somenten las vasijas, no permite que propongamos una hipótesis
funcional clara, no obstante, se destacan dos hechos significativos. En primer
lugar no se aprecia, a tenor del análisis, que las vasijas tuvieran una utilidad única
o, en caso de existir ésta no se manifiesta en una relación entre un tipo de cocción
y un grosor determinado. En segundo lugar, la uniformidad en las medidas y la
carencia de porcentajes altos en los intervalos más extremos impiden establecer una
hipotética diversidad funcional. Aunque las conclusiones de esta primera correlación han sido negativas, se ha considerado interesante llevar a cabo otras entre las
cocciones y algunas de las variables, como el desgrasante y el color, que se verá más
adelante.
• Con carácter general en el tratamiento de las superficies41 externas se manifiesta
un claro predominio de la técnica del bruñido seguida del alisado. A pesar de
esta generalización hay que entrar en algún detalle. En la cueva del Forcón, La Miranda,
la cámara superior del Moro de Olvena, Gabasa 3a y 3b, el nivel c1 del
Abrigo de La Costalena y Alonso Norte la diferencia entre el alisado y el bruñido es
favorable de forma significativa a la primera, aunque ambas están netamente separadas
del resto de los tratamientos. Otros yacimientos presentan porcentajes muy
elevados en el espatulado (cueva de las Brujas, Gabasa 2a, 2b y 5, y la cámara inferior
de Olvena) en comparación con la mínima representación en el resto. Estos
valores altos pueden denotar la incorporación de fragmentos de difícil adscripción
cronológica, ya que todas estas cuevas han sido removidas y los materiales estaban
revueltos. Concretamente en la cámara inferior de Olvena influye decisivamente el
número de restos del estrato c4-5, que no se han podido obviar por sus posibles
similitudes con los neolíticos. Esta hipótesis podría ratificarse al ver que en los niveles de Chaves, que son claramente neolíticos, aparece el acabado espatulado pero su
cuantía es mucho menor.
Llama también la atención que la técnica rugosa posee unos valores muy pequeños,
exceptuando la cueva de La Miranda, Gabasa 3b y los yacimientos anteriormente
mencionados en el espatulado, siendo posiblemente debido a las mismas
causas.
El acabado interno manifiesta una amplia supremacía de la técnica del alisado,
aunque continúa el predominio del espatulado en Gabasa 2a y 2b, la cueva de
las Brujas y, en menor medida, en la cámara inferior de Olvena, puesto que es habitual
que la mayoría de las vasijas que presentan espatulado en el exterior también
lo posean en la cara interna. Reseñar que en los tres niveles de la cueva de Chaves y
en el nivel c inferior del Pontet sigue siendo el bruñido el tratamiento preferente.
Asimismo, en otros yacimientos como el nivel c genérico de La Costalena, Els
Secans, el nivel 6 de Botiquería dels Moros, los Panizales, el alisado y el bruñido
comparte los mismos porcentajes, o bien la diferencia entre ellos es poco significativa.
La hegemonía del alisado, quizá sea obvia al tratarse del interior de las cerámicas.
En principio si no se estima la presencia de otros factores, como el carácter
social o su posible función ritual, estas vasijas empleadas en la actividad cotidiana
no tendrían por qué poseer un acabado cuidado en el interior, que no se va a ver
y que puede estropearse como consecuencia de su uso, tan sólo en caso de que el
contenido fuera algo especial, por significado o propiedades, recibirían otro tratamiento.
La técnica rugosa se desarrolla mayoritariamente en la cara externa de las cerámicas,
encontrándose tan sólo en cuatro casos en la cara interna42, todos ellos con
un único fragmento. Por su reducida representación, a pesar de que se considere
una técnica de tratamiento de la superficie, quizás en este momento su función sea
principalmente decorativa y no debería concebirse como técnica de acabado, aunque
en algunas ocasiones también se le puede añadir un carácter utilitario, como
evitar que resbalen los recipientes al cogerlos.
En cuanto al acabado grosero contrastan los pocos fragmentos hallados con
este tratamiento en ambas superficies. Funcionalmente se juzga como el más adecuado
en la relación tiempo/esfuerzo para el uso que se va a dar a determinadas
cerámicas, ya que no requiere una inversión posterior a lo que podemos denominar
exclusivamente fabricación. Por consiguiente se puede afirmar que, en general,
en los yacimientos aragoneses la manufactura de los recipientes era cuidada, en la
que se invertía bastante energía, pues los acabados que prevalecen en estas vasijas
se consiguen con gran esfuerzo y dedicando más tiempo a ello.
Asimismo, es interesante destacar la igualdad en ambos tratamientos —interno
y externo— entre los tres niveles de la Cueva de Chaves, por lo que no permite
sugerir un cambio en la moda o una evolución en las características del grupo.
Se puede acceder a otro tipo de información estableciendo una correlación
entre los acabados. De forma habitual, el tratamiento grosero en el interior de las
vasijas se combina con el mismo43 y con el alisado44 en el exterior de la mayoría
de los recipientes. Pero no todos los yacimientos mantienen este esquema, así los
tres niveles de Chaves, El Torrollón I, el nivel c sup. del Pontet, y el nivel c genérico
de Costalena se vinculan sobre todo (entre el 45 y el 83%) al bruñido. En el
caso de que los dos acabados sean groseros, parece indudable que las vasijas tendrían
una finalidad de uso cotidiano, probablemente de cocina, mientras que
con el alisado o con el bruñido quizá no sólo habría que plantearse este carácter
funcional, sino que un mayor cuidado externo amplía la utilidad y probablemente
no sería única. Las vasijas que presentan la relación grosero/grosero o alisado/
grosero, frecuentemente estarían en contacto directo con el fuego, no así las
que se combinan con el bruñido, puesto que este tratamiento externo se perdería.
Al contrario que con el anterior, el alisado interno se asocia sobre todo con el
mismo en el exterior45. Sólo en los tres niveles de Chaves, El Torrollón I, Huerto
Raso, el nivel c sup. del Pontet y Forcas II, la unión de las dos técnicas no se desarrolla
de una forma predominante sino que deja paso al bruñido46. En el caso de El
Torrollón I parece obvio que está relacionado con el contenido de las vasijas, ya que
por el tamaño y por la morfología son claramente de almacenaje. A falta de los análisis
pertinentes y comparándolo con los estudios llevados a cabo sobre la funcionalidad
de las vasijas y sus evidencias técnicas, podríamos plantear un uso semejante
a la contención de líquidos. El bruñido de la superficie externa evitaría las
posibles filtraciones del líquido debido a las características no adecuadas o a las
carencias de la pasta cerámica. Quizás esta misma hipótesis podría ser trasladada a
los fragmentos de otros asentamientos, pero el carecer de datos tan evidentes como
estos lo imposibilita por el momento.
En algunas cerámicas se han observado huellas claras del instrumento empleado
en el proceso del alisado, principalmente en el interior, asimilables al llamado
plastic flow realizado con un objeto blando en la vasija todavía húmeda.
El espatulado, como ya se ha expuesto, aparece casi exclusivamente con el
mismo tratamiento en el exterior47. El emparejamiento con el resto de las técnicas
varía entre el alisado y el bruñido aunque, generalmente, con gran diferencia
entre estos dos y el espatulado. En cambio la combinación de este tratamiento
con el grosero y rugoso es escasa o incluso nula. A las cerámicas espatuladas se
les atribuye un carácter, comúnmente, de lujo, prestigio o ritual debido esencialmente
a su escasa presencia numérica, a la laboriosidad de su tratamiento y, a
veces, de la decoración, que las aleja del resto de los recipientes. Las evidencias
que se han podido recoger en estos yacimientos no permiten afirmar este hecho,
si bien tampoco hay otros datos que aporten alternativas. No obstante queda
patente su importancia, ya que su mera presencia implica la selección por parte
del alfarero de unas arcillas concretas, puesto que no todas poseen la misma
capacidad de brillo, y un dominio de la técnica al controlar el encogimiento
durante la cocción sin la pérdida del acabado. Es importante no descartar la finalidad
funcional, ya que este tratamiento impregna a la cerámica de unas peculiaridades
especiales.
La preeminencia del bruñido en ambas caras de la cerámica es abrumadora.
No se encuentra ninguna excepción48. No sólo se emplea en las dos superficies de
la vasija, sino que a veces se asocia con el alisado o el espatulado. Hay que especificar
que algunas veces lo que se ha llamado alisado puede ser realmente un bruñido,
pero debido a la fragmentación del material o al mal estado de conservación
de algunas cerámicas no se ha reconocido como tal. La importancia y la alta
asociación de esta técnica en las dos caras de una vasija da en cierto modo un
índice del nivel tecnológico que poseían estos alfareros. Su realización supone
una inversión de tiempo/esfuerzo elevada, por lo que estos recipientes presumiblemente
tendrían una objetivo predeterminado antes de su fabricación.
Asimismo es habitual el empleo de engobes con mezclas de hierro, ya que este
mineral favorece su elaboración al igual que ocurre con el espatulado. A estas vasijas
más cuidadas se les puede atribuir una significación especial, pero no hay que
olvidar que este tratamiento también se emplea, como ya se ha dicho, para acentuar
algunas características de la propia arcilla: reforzar éstas, preparar la superficie
de los mismos para ser decorados, contener líquidos, etc. o, incluso, todas
ellas a la vez.
• Los desgrasantes son los elementos que menos información aportan49, puesto
que la falta de análisis cerámicos en otros apartados de alguna forma puede ser
subsanada, pero en este caso no es lícito que visualmente sin una comprobación
analítica se establezcan los distintos tipos, proporciones, características, etc.
Solamente de Chaves, Alonso Norte y de la Cueva del Moro de Olvena (GALLART y
LÓPEZ, 1988a y 1989; GALLART y MATA, 1995), se poseen algunos análisis que nos
permitirán corroborar o desechar las hipótesis que se plantean.
Las inclusiones más empleadas son los minerales50 frente al vegetal o la mezcla
de ambos, hecho que coincide con los datos de otros yacimientos neolíticos de
la Península Ibérica (GALLART, 1977; NAVARRETE et alii, 1991; CAPEL et alii, 1982, etc.).
Pero, cabría plantearse el motivo por el cual han preferido este tipo de desgrasante
al vegetal teniendo en cuenta que, en la zona donde surgen las primeras vasijas se
utilizaba ya el barro con paja a modo de ladrillo para levantar muros, a lo que
habría que añadir el supuesto origen vinculado a la cestería que defienden algunos
autores y, por tanto, parece lógico que se empleara el desgrasante vegetal en vez del
mineral. Asimismo, la incorporación de un mineral concreto supone el dominio o
control de las propiedades de éste y, sobre todo, de la mezcla adecuada para que la
vasija posea las características necesarias y no se rompa, resquebraje o agriete. Quizá
una explicación válida y simple es la que relaciona los desgrasantes con las características
mineralógicas del propio depósito del que obtienen la arcilla, al que no
necesitarían añadir ningún elemento más, pero supone entrar de lleno en el problema,
ya comentado en el capítulo de la tecnología, de la diferenciación entre
inclusiones y desgrasantes y, por otra parte, los análisis de pastas realizados no lo
confirman ni rechazan al no haberse contrastado con los posibles depósitos.
No parece tan evidente la existencia de una depuración o selección de los desgrasantes
ya que, atendiendo al histograma no domina un único tamaño sino que se
aprovechan casi por igual el pequeño-mediano y el mediano-grande. Incluso en El
Torrollón I que podría aportar más información, debido al tipo de cerámica, presenta
casi los mismos datos y tampoco se alejan de este comportamiento los niveles
de Chaves. Queda manifesta una cierta individualización en relación con las tres primeras
categorías. Sus porcentajes son muy reducidos, exceptuando los medianos en
la cámara superior de Olvena. El desgrasante grande presente, aunque de forma escasa,
en los yacimientos de las provincia de Huesca es casi nulo en Zaragoza y Teruel.
Esta exigua diferenciación entre los tamaños de los desgrasantes puede tener
varias causas y habría que buscarlas en la falta del dominio necesario de la tecnología,
en una ausencia de experimentación o realmente en un limitado interés por
depurar los mismos debido a la funcionalidad de las vasijas, por lo que será imprescindible
un estudio exhaustivo de las pastas y sus inclusiones para poder concretar
una hipótesis. Por otra parte, resalta el esmerado acabado que poseen la mayoría de
ellas a pesar de la intrusión de estos elementos, que dificultan en gran medida un
acabado cuidado de la superficie.











