La manufactura 1

La manufactura 1

Las características de los desgrasantes influyen directamente en el resultado de
las cocciones. En la correlación establecida entre ambas variables, en general, destaca
cómo las atmósferas oxidante y reductora discontinuas son las menos utilizadas.
También llama la atención que los yacimientos, que presentan otro tipo de
horneado importante además de las cocciones mixtas, coinciden habitualmente
con los que poseen estratos revueltos o que, su posible cronología, no pertenece claramente
al Neolítico Antiguo. Igual de interesante son las mínimas diferencias que
existen entre cada uno de los niveles de Chaves, lo que permite hablar nuevamente
del mantenimiento de un mismo rasgo técnico durante casi un milenio.
Otro de los elementos que está en función de las inclusiones, aunque parcialmente,
es el grosor de los recipientes. En la correlación no se advierte una concordancia
nítida entre el tamaño del desgrasante y el grosor de los distintos fragmentos.
Únicamente, como parece lógico, con las inclusiones más grandes algunos yacimientos
aumentan ligeramente el grosor de sus paredes en comparación con los
intervalos habituales (0,6-0,9 cm). A pesar de esta evidencia no se puede afirmar
taxativamente que sea debido a una intención clara relacionada con el mayor tamaño
de los recipientes y, por tanto, de paredes más gruesas. Se confirma así, en cierto
modo, el bajo nivel tecnológico que poseeían sobre todo en el proceso de dilatación/
contracción, o la escasa importancia que tenía la depuración de los desgrasantes
para conseguir unas propiedades peculiares en las cerámicas.
Una de las cualidades que primero se aprecia al analizar una cerámica es el
color51 externo de los recipientes. De la gama de 26 colores que se ha creado ningún
yacimiento abarca la totalidad, pero sí existe una gran variabilidad en los colores
haciendo que los porcentajes no sean excesivamente elevados. El valor más alto lo
posee Els Secans, con un 70%, pero en el resto de los yacimientos varía entre el 28%
y 10%.
A simple vista, en conjunto prevalece la gama de grises y, dentro de ella, el color
definido como gris medio marrón, pero algunos yacimientos muestran en los primeros
puestos los marrones, por ejemplo en la provincia oscense: Huerto Raso, El
Remosillo, la cueva de las Brujas y Gabasa 3b. Vuelven a ser los que hasta ahora rompían
el esquema general en otros apartados y, por tanto, la interpretación parece ser
idéntica, es decir, la intromisión de material de otras épocas. En general, también en
los abrigos del Bajo Aragón se produce preferencia por los marrones, eligiendo tonos
claros, sin menospreciar los grises. Además de estos dos grupos, El Torrollón I se
encuentra desplazado del resto ya que los colores más representados son los blancos.
El predominio de una gama no va a ser sinónimo de homogeneidad en el grupo.
Como rasgo común se puede mencionar una cierta uniformidad en cuanto a los colores
menos o nada utilizados, estos son: blanco grisáceo, blanco amarillento, blanco
rosáceo, marrón medio, marrón claro, negros y naranjas. Con valores un poco más
altos, pero que continúan siendo pequeños, aparecen ya una gran variedad de ellos.
El color de las cerámicas es producto de una diversidad de factores (componentes
de la arcilla, los desgrasantes, atmósferas, uso, etc.) e, incluso, en algunas
ocasiones puede ser consecuencia de su función práctica, por lo que se han buscado
los posibles vínculos que expliquen, en parte, esta variación. En primer lugar,
entre el horneado y el color. En la cocción reductora se aprecia una clara supremacía
del gris y, dentro de ella, del color definido como gris oscuro. En los demás colores
las tonalidades dominantes son siempre las más oscuras, consecuencia lógica de
las propias preculiaridades de la cochura reductora. En cambio, la cocción oxidante
prefiere los colores claros (marrones y blancos), con una alternancia en las posiciones
más altas entre el marrón claro amarillento y el marrón claro anaranjado. La
atmósfera mixta exhibe una mayor pluralidad, con valores importantes en varios de
ellos sin decantarse por ninguno de los dos más habituales: grises o marrones. Esta
mayor diversidad parece ser producto de la mezcla de dos tipos de horneado, es
decir, de una cocción poco o nada regulada que no les ha permitido mantener una
única atmósfera y, por tanto, el resultado tampoco es uniforme.
La segunda correlación se ha establecido entre el color y el engobe. El pigmento
utilizado en el engobe interno sigue manteniendo, en líneas generales, el
mismo que el de la cara externa de cada yacimiento. Sin embargo, el engobe externo
e interno-externo, son más plurales y se reflejan varios comportamientos distintos:
unos yacimientos mantienen el color predominante, otros prefieren la segunda
gama y, por último, algunos no se decantan por ningún en concreto.
• Finalmente, queda por analizar el engobe52. Frecuentemente esta capa coloidal
posee la misma composición que la de la arcilla, evitando asi los problemas que
pueden surgir por los distintos coeficientes de expansión durante el secado o la cocción.
Se localiza mayoritariamente en el exterior y, en menor medida, en ambas
caras, por tanto, es el que da el color que observamos. Su escaso uso en el interior,
puede venir motivado por la propia funcionalidad de las vasijas, ya que parece más
lógico que el engobe interno tenga un carácter más práctico que decorativo, por
ejemplo para impermeabilizar.
Hay que pensar, debido a su abundante utilización, que en principio no tiene
un marcado carácter estético puesto que por el espectro de coloraciones parece que
usaban la misma arcilla. Por ello, si su incorporación a los recipientes fuera puramente
decorativa no sería lógico utilizar idénticas tonalidades y, tampoco, sería
necesario engobarlas, así creemos que se buscaba otro tipo de efecto especial o simplemente
una preparación para el desarrollo adecuado de la decoración.
Al igual que con las variables anteriores se ha establecido una correlación entre
estos engobes y los acabados de la cerámica. En el engobe interno existe una cierto
predominio del tratamiento bruñido en ambas caras, pero muy próximo a éste se
encuentra el alisado, también en las dos caras o combinado con el bruñido y, en
menor medida, con el grosero. Si se acepta que el engobe interno tiene un marcado
carácter funcional, es bastante lógico que la cara externa se bruña porque ayuda
a la elaboración de esta técnica y a su posible cometido, reduciendo la permeabilidad
de la vasija. La hegemonía del bruñido, como tratamiento preferente en la cara
externa de los fragmentos engobados al exterior es incuestionable. Sin embargo, la
cara interna debe compartir su posición con el alisado e, incluso, ser superado por
éste53. No se producen grandes cambios en cuanto al engobe interno-externo y el
tratamiento de las superficies, continúan siendo el bruñido y el alisado las dos técnicas
más utilizadas.
Aun no siendo demasiado significativo, ya que el número de elementos en
cada caso es muy reducido, hay que comentar que en los tres tipos de engobe aparece
un elemento común y es la utilización preferente del tratamiento espatulado
en algunos yacimientos como en la cueva de las Brujas, Gabasa 2a y 2b, posiblemente
para facilitar su desarrollo o realzar la decoración.
En definitiva parece que el añadido de esta capa coloidal ayuda a distintas finalidades
y junto con el bruñido y, en menor medida, con el alisado favorecerían el
aislamiento de las vasijas ante elementos perjudiciales o las prepararían para usos
o decoraciones posteriores.
Dos rasgos importantes por sus posibles implicaciones, aunque todavía sin
dilucidar, completan esta variable. Por un lado, un tipo de engobe que, debido a la
falta de los análisis necesarios, no sabemos con certidumbre si cumplía esa función
o en realidad es consecuencia del uso de la cerámica como contenedor. Se trata del
ocre rojo, unas veces en el interior o el exterior y otras en ambas caras de la vasija.
Éste aparece en los tres niveles de Chaves, la Espluga de la Puyascada, la cueva del
Moro de Olvena, Huerto Raso, Gabasa 2a y 2b. Por otro el hallazgo de un único
fragmento de cerámica a la almagra en la Espluga de la Puyascada. Su inclusión, en
este apartado, viene determinada por considerarlo más un tratamiento de la superficie
que una técnica decorativa. Con un sólo fragmento no se puede plantear ninguna
hipótesis, por lo que simplemente pensamos que es importante tenerlo en
cuenta como un dato más de la extensión de este tipo de cerámicas.
• Todos estos datos, además de facilitarnos la interpretación parcial de cada
uno de los conceptos, permiten la configuración de un análisis factorial de correspondencias
sobre la manufactura empleada. La transformación se ha realizado con
tres ejes, representándose gráficamente tan sólo los dos primeros. Estos dos factores
explican el 52,44% de la variabilidad total (factor 1: inercia 31,74%; factor 2: inercia
20,80%). A pesar de que algunos elementos ofrecen una pequeña contribución
absoluta y relativa no han sido eliminados, al no suponer ninguna ventaja por su
escaso número.
El diseño muestra cierta concentración tanto de las variables como de los registros
en torno al punto de unión de los dos ejes. El factor 1 está definido fundamentalmente
por OV (41,7%) y el desgrasante mediano (20,5%) y, en menor medida,
por la oposición de Ch 1a, 1b y el acabado bruñido en ambas caras; mientras que en
el factor 2 los elementos que más influyen son el espatulado (20,1 y 12,2%), Ga 2a
y 2b y nuevamente, aunque esta vez con signo negativo, OV y el desgrasante mediano.
Las variables que menos aportan a estos factores son, en general en ambos casos,
los distintos colores con una contribución absoluta que no supera el 7,4%.
En un extremo de la representación, el cuadrante inferior izquierdo, aparece el
color blanco grisáceo y El Torrollón I. La explicación más evidente es la importancia
que adquiere para este asentamiento dicha variable en comparación con las
demás. El alejamiento podría deberse a las peculiares características que poseen sus
materiales en relación a los otros yacimientos, ya que, como se ha comentado
ampliamente, el material cerámico se limita prácticamente a tres vasijas de almacenaje.
No obstante, el Torrollón presenta una contribución absoluta en el factor 2
interesante (8,9%) si se compara con los bajos porcentajes de la mayoría de los
asentamientos.
La aglomeración central no impide que se aprecien ciertas diferencias que permiten
crear el siguiente esquema: El primer grupo estaría representado por los tres
niveles de Chaves, Peña de las Forcas II, nivel c superior e inferior del abrigo de El
Pontet, nivel c genérico y c2 del abrigo de La Costalena, nivel 6 y 8 de Botiquería
dels Moros, Els Secans, Las Torrazas y Los Panizales. La relativa proximidad de todos
los yacimientos de este grupo lleva a plantear que poseen unas características muy
similares. Los elementos que en cierto modo los aglutinan son: el tratamiento bruñido
de la superficie, tanto interna como externa, que en estos estratos alcanza unos
valores superiores al resto, el desgrasante de tamaño mediano-grande; el engobe
externo e interno-externo, las cocciones reductora y oxidante discontinuas y la
mixta continua y, por último, varios colores destacando los tonos marrones. Todos
ellos ejercen una presión en la situación de cada asentamiento, y ésta puede ser
positiva o negativa, o lo que es lo mismo tanto por exceso como por defecto.
El segundo grupo lo forman Alonso Norte, nivel b del El Pontet, nivel a+b y c1
de Costalena. En cierto modo podría considerarse un subgrupo del anterior, ya que
la variable que más influye en su posición sigue siendo el acabado bruñido.
Asímismo, se podría incorporar El Torrollón I si se elimina el color en el análisis,
puesto que el resto de los caracteres que lo definen son casi los mismos.
El tercer conjunto lo componen el resto de asentamientos, pero su subdivisión
en dos grupos permiten una mayor definición. El primero está formado por Gabasa
3a, Huerto Raso, La Espluga de la Puyascada, el Forcón y la cámara superior de Olvena.
Su situación está determinada en parte por los valores centrales y, en parte,
por la gama de los blancos y grises, en concreto el gris medio marrón, el acabado
alisado y el grosero únicamente en el interior y por el desgrasante de tamaño grande.
Queda un yacimiento ligeramente apartado del resto: la cámara superior de Olvena,
ya que posee dos elementos con valores superiores que lo diferencian de los vistos
anteriormente. Estos son la cocción oxidante continua y, sobre todo, el desgrasante
mediano.
El segundo subgrupo, separado por el eje 1 lo constituyen El Remosillo,
Gabasa 2a, 2b, 3b y 5, la cueva de las Brujas, la cámara inferior de Olvena y La
Miranda. Están definidos claramente por el acabado espatulado, aunque alguno de
ellos está influido, en menor grado, por otras variables como el color. Este último
subgrupo, el más alejado del eje central, se corresponden con la mayoría de las
excepciones hasta ahora marcadas en los anteriores análisis. Al igual que en los
otros casos, el motivo más plausible para este alejamiento parece ser la posible
incorporación de materiales de otras épocas. Lo revuelto de sus estratigrafías favorece
la separación, aunque sea leve de los que, sin lugar a duda, son neolíticos.
En conclusión desde el punto de vista de la manufactura queda claro que la
heterogeneidad entre los yacimientos, aun con las divisiones establecidas, no es tan
elevada como en principio podríamos suponer. Tecnológicamente, el elemento
definidor de los distintos grupos parece ser el tratamiento de la superficie, pero para
plantear mayores diferencias o similitudes hay que a esperar a realizar el estudio del
resto de los elementos que caracterizan las cerámicas.
• Por último, ya se ha dicho que todo el estudio requiere la comprobación con
los correspondientes análisis de pastas, pero también que sólo se han realizado en
Chaves (GALLART y LÓPEZ, 1988a), la cueva del Moro de Olvena (ibidem, 1988b;
GALLART y MATA, 1995) y Alonso Norte (GALLART y LÓPEZ, 1989; GALLART et alii,
1991). Compendiando la información se advierte que todas las cerámicas fueron
realizadas con el sistema de fuego abierto, en contacto directo con las llamas, no
alcanzando temperaturas superiores a 650° C y, en algunos casos, no llegaron a
sobrepasar los 500° C. El tipo de atmósfera es una combinación de la reductora
durante el calentamiento y la oxidante durante la refrigeración, dando como resultado
lo que se ha denominado en este estudio mixta continua o discontinua. Las
arcillas tiene como componente principal la ilita, variando en el resto de los elementos:
clorita, esmectita, colinita, etc. Los depósitos son de claro carácter local,
posiblemente todos ellos situados en los cursos fluviales próximos. Estos investigadores
plantean casi con seguridad que los desgrasantes en todos los casos son añadidos
por el alfarero, aunque sólo se ha comprobado fehacientemente en Chaves.
Hay que mencionar algunas peculiaridades. En Chaves los investigadores sugieren
una diferencia en los desgrasantes según los niveles: los cristales de cuarzo son
más abundantes en el nivel 1b, mientras que en el nivel 1a es más importante porcentualmente
la calcita. En la cueva del Moro de Olvena las discrepancias se producen
entre la cámara inferior y la superior, aunque hay que tener en cuenta que de la
primera tan sólo se han analizado dos fragmentos. La principal diferencia es la carencia
de calcita y la presencia de dolomita en los materiales de la cámara inferior.
Tecnológicamente parece estar más depurada, con un desgrasante más fino, pero sin
concretar si es porque el depósito de donde se obtuvo la arcilla presentaba estas mismas
características o porque el artesano se preocupó por la disminución del tamaño
de los desgrasantes. Esto ha supuesto que la cerámica presente un aspecto más
compacto y unas superficies mejor tratadas. Se aprecia también otro cambio tecnológico,
puesto que parece estar cocida en una única atmósfera, en este caso reductora, lo que implica una evolución importante en los conocimientos técnicos. En
Alonso Norte también se han encontrado diferencias en la composición de las pastas:
el tipo A presenta dolomita y abundantes calcitas como desgrasantes, mientras
que en el B de feldespados alcalinos con abundancia de desgrasantes en el cuarzo.
Esta diversidad sugerida para la evolución propia de cada yacimiento, también
permite proponer una cierta homogeneidad que los conecta, como es la misma
división de pastas, sobre todo por la relación de desgrasantes, establecida para
Alonso Norte y Chaves; o la semejanza mineralógica existente entre los fragmentos
analizados de la cámara superior de Olvena y el nivel 1b de Chaves, al igual que en
las temperaturas de cocción si exceptuamos los dos fragmentos cocidos por debajo
de los 500° C. No se puede realizar la misma observación en cuanto al acabado de
las superficies, ya que todas las de Olvena son alisadas. Las similitudes en la composición
de las pastas, hace que estos investigadores propongan que la obtención
de las mismas se realizó en depósitos de idénticas características, es decir, una zona
de conglomerados de calizas atravesados en un caso por el Cinca y, en el otro, por
el Alcanadre o el Formiga.